Aviso: Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si continúas navegando, sin modificar la configuración, consideramos que aceptas su uso. Puedes modificar la configuración en cualquier momento. Leer más sobre privacidad - Cerrar Aviso

memoriablauWeb :: Buscar

Registro - Conectar   Recordar

......

[ Registrarse ] Perfil | Mensajería privada | Conectarse |  F.A.Q. | Buscar  
[ Inicio ] [ Índice de Foros ] [ Mis Favoritos ] [ Chat ] [ Afiliados ]


Catalina de Erauso, la Monja Alférez

Página 1 de 1

Ir abajo | Responder

Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema        Índice de memoriablau -> Precedentes históricos
 Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 28 Oct 2012 9:23 am    Título del mensaje: Catalina de Erauso, la Monja Alférez Responder citando

Este personaje tan singular, del que yo he tomado mi firma en este foro, está aquí por méritos propios, porque es la síntesis de todas las características del soldado español de todos los tiempos, características que ayudan a entender una parte de las razones que motivaron el alistamiento de los guripas en la División Azul.

Refleja un espíritu inquieto y aventurero, a quien le quedaba pequeño el mundo habitual en el que se desenvolvía la mayoría.

Y refleja también las dificultades que encontraban, en aquellos tiempos, las mujeres que tenían vocación o afición a las armas, que muchas resolvieron haciéndose "vivanderas"(vendedoras de géneros de uso y consumo habitual para los soldados) de las unidades militares de la época, al no poder aspirar a entrar en la Milicia.

Otras -muy pocas-, como Dª Catalina, no se pararon ante los obstáculos, y poniéndose al mundo por montera, fueron capaces de superar todas las barreras, ocultando incluso su condición de mujeres, para llevar aquella vida a la que aspiraban, más que a tener una existencia normal en España.

Y debo confesar que me fascina la vida de este personaje, vida que, aunque parece una novela, no lo es. Todos los datos que cito en su autobiografía, y los demás, están perfectamente documentados. No son leyenda.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 7:49 pm; editado 3 veces
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 28 Oct 2012 9:36 am     Responder citando

"A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español” (respuesta de Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", al Cardenal Magalón, en Roma, hacia 1626).

«Jueves, 4 de julio, estuvo en la iglesia mayor LA MONJA ALFÉREZ. Ésta fue monja en San Sebastián, huyóse y pasó a Indias en hábito de hombre, el año de 1603. Sirvió de soldado veinte años, tenida por capón (1). Volvió a España, y fue a Roma, y el Papa Urbano VIII la dispensó y dio licencia para andar en hábito varonil. El Rey le dio título de alférez, llamándola el alférez doña Catalina de Erauso, y el mismo nombre traía en los despachos de Roma. El capitán Miguel de Echazarreta la llevó por mozo en años pasados a Indias, y ahora va por general de flota y la lleva de alférez.»
(Sevilla, 4 de Julio de 1630)

Lo anterior resume, magistralmente, la personalidad y la vida de esta vasca, española hasta la médula, como recoge la primera frase (que, además, es mi firma). Y luego hay historiadores que se obstinan en mentir, diciendo que en el siglo XVII no existían las conciencias nacionales (y lo hacen sólo porque en los esquemas mentales que se han creado a su conveniencia, no encajan dichos sentimientos).

Basten las solas dos citas anteriores para mostrar la condición excepcional de este personaje, como compendio viviente de todas las virtudes y vicios que caracterizaron a la gente hispánica, y que llevaron a nuestros antepasados, hace ya quinientos años, no sólo a ser los amos del mundo, sino a dejar en la Humanidad esa huella indeleble y magnífica, que empezó a conocerse a principios del s.XX como Hispanidad, concepto que hicieron universal intelectuales de la talla de Ramiro de Maeztu.

Aunque pueda parecer la protagonista de una novela de aventuras o de pícaros, estamos ante una historia verdadera, por muy inverosímil que pueda parecernos. Dª Catalina de Erauso – la monja Alférez- fue un personaje de carne y hueso, que vivió (¡y vaya si vivió!) a caballo de los siglos XVI y XVII, en los tiempos en que en la Monarquía hispánica y universal, no se ponía nunca el sol.

Lo certifica el siguiente documento, que se conserva:

"Don Juan Cortés de Monroy, gobernador y capitán general que al presente soy de la provincia de Veraguas, en las Indias, por el Rey Nuestro Señor, y capitán de infantería española que he sido en el ejército del reino de Chile, etc.,

Certifico a Su Majestad que conozco a Catalina de Erauso de más de quince años a esta parte, que entró en hábito de hombre por soldado de la compañía del maestre de campo don Diego Bravo de Sarabia, con el nombre de Alonso Díaz Ramírez de Guzmán, y sirvió más de dos años en dicha compañía, y della pasó a servir a la del capitán Gonzalo Rodríguez, que lo fue en el dicho reino de Chile, donde, por lo bien que sirvió y se aventajó, el dicho capitán le nombró por su alférez, y se halló en todas las ocasiones que se ofrecieron con la dicha su compañía....."


Lo que se narra a continuación está extraído de su libro autobiográfico, de otros libros o crónicas de su época, y de diferentes artículos o referencias sobre el personaje.


(1) Capón = eunuco
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 28 Oct 2012 10:13 am     Responder citando

Dª Catalina de Erauso nació en Guipúzcoa, en la villa de San Sebastián, siendo su padre el capitán don Miguel de Erauso, y su madre, doña María Pérez de Galárraga y Arce.

La partida de bautismo, que se conserva, data su nacimiento en 1592, Sin embargo, en sus memorias, ella dice que nació en 1585, fecha que cuadra más con los hitos posteriores. ¿Qué ocurrió?. A mí se me ocurren tres posibles razones:

1) Que hubiera dos hermanas que compartieran el nombre de Catalina, y alguna de ellas (o las dos) tuvieran un segundo nombre diferente. En ese caso, estaríamos ante dos personas diferentes, hermanas: nuestra Catalina, nacida en 1585, y la otra Catalina (de la que está la partida bautismal), nacida en 1592.

2) Que la nacida en 1585 fuera registrada en su bautizo con otro nombre, y por alguna razón, la llamaran Catalina (quizás en la inscripción figuró un primer nombre diferente, y se omitió por error -no demasiado raro- el nombre de Catalina)

3) Que realmente naciera en 1592, pero entonces estaríamos ante un caso de precocidad que, aunque posible, es muy raro: habría huido del convento con 10 u 11 años, y se habría enrolado para América con 11 años. En ese caso, sí sería lógico que se hubiera añadido algunos años más, pues si no, no se la habría dejado embarcar con ea edad, al ir sola, y no acompañando a algún adulto. De todas formas, y aunque tuviera sólo 11 años, ya debía tener un aspecto físico fornido, aparentando unos cuantos años más, y así se aprecia en sus retratos.

Sus padres la internaron en el convento de las dominicas de S. Sebastián el Antiguo, del que era priora una tía suya, cuando contaba cuatro años de edad. Sus padres seguían,con ello, una costumbre ya iniciada con sus hijas mayores: Mª Juana, Isabel y Jacinta.

Pero así como ellas permanecieron allí, como monjas profesas, hasta su muerte, Catalina, con un espíritu extraordinariamente rebelde e independiente, nunca se adaptó a esa vida tan austera. Según cuenta en su autobiografía, la gota que colmó el vaso fue una pelea con una monja profesa, Catalina de Aliri, más fuerte que ella (y de más edad), de la que salió malparada. Y así fue cómo, un 18 de Mayo, huyó de allí, antes de hacer sus votos.

Durante varios días vagó por los bosques, alimentándose de hierbas, frutas y raíces. Después se hizo con ropas masculinas de labriego, y así vestida se presentó en Vitoria, donde se ganó la vida, durante unos meses, desempeñando diferentes oficios, y haciéndose pasar por hombre, con diferentes nombres, como Francisco de Loyola, o Antonio de Erauso. Este último nombre fue el que terminó por adoptar, definitivamente, durante sus años de "masculinidad".

Fue luego a Valladolid; volvió a Bilbao; de allí, a Estella.... Algún tiempo después volvió a San Sebastián.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 7:53 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 28 Oct 2012 10:30 am     Responder citando

En todos estos lugares, especialmente en el propio San Sebastián, escuchó muchas historias (reales o inventadas) sobre lo mucho bueno y extraordinario de las Indias Occidentales, y esto la decidió a “hacer las Américas”.

Por eso se fue a Sanlúcar de Barrameda, y se enroló como grumete en un galeón de la Armada de la Carrera de Indias. El capitán del galeón, don Esteban de Eguiño, era tío suyo, pero no la reconoció. Fue entonces cuando declaró haber nacido en 1585. Y a partir de entonces, en toda su autobiografía, mantiene esta fecha, que ya hemos dicho que es bastante más verosímil que la de 1592.

A ocultar su sexo y edad real (suponiendo que no fuera esa) la ayudó su fortísima complexión física, y el poco desarrollo de su "pechonalidad". Uno de quienes la trataron en su vida, Pedro de la Valle, dice que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". Además de esto, tomaba otras precauciones, como no bañarse en público.

Partió de Sanlúcar el Lunes Santo de 1603, rumbo a Araya (Venezuela). Allí renunció a su plaza de grumete para pasar al servicio directo de su tío. Continuaron viaje en el barco hasta Cartagena de Indias, y, por último, a Nombre de Dios (Panamá). En este puerto, se procedió a cargar en la flota la plata procedente de las minas americanas, extraída ese año.

Cuando la flota iba a zarpar de regreso a España, Catalina (o Antonio) de Erauso, robó 500 pesos al capitán, su tío, y desertó, quedándose en tierras americanas.

Trabajó para el capitán Juan de Ibarra, primero en Nombre de Dios, y luego en Panamá. Agotado el dinero que robó a su tío, entró al servicio de un mercader de Trujillo (Perú), de nombre Juan de Urquiza. Trabajó con él en Panamá, Paita y Saña, en donde Catalina quedó a cargo de una tienda del mercader. Allí, por su carácter altivo y resolutivo, terminó en duelo con un cierto cliente, de apellido Reyes, del que ella sospechaba que estaba robando género. Era la primera vez que Catalina manejaba una espada, pero con ella, y con un cuchillo a modo de daga, hirió al cliente, y tuvo que refugiarse en territorio sagrado. Pero de allí la sacó el Corregidor, caballero de Alcántara, que la encarceló con grillo y cepos.

De la cárcel la sacó su amo, restituyéndola al recinto de la iglesia. Después de 3 meses de refugio, su amo Juan de Urquiza propuso que, para evitarle riesgos futuros, lo mejor era que se casara con una gran clienta suya, doña Beatriz de Cárdenas, tía de la esposa del herido. De esa forma, don Juan no perdía a un eficiente criado (seguía pensando que catalina era hombre), ni a doña Beatriz, que era también su querida.

Catalina se negó a ese casamiento con tanta obstinación, que don Juan aceptó relevarla en la tienda de Saña, y ponerla al frente de su tienda en Trujillo.

Pasado un cierto tiempo, se presentó en la tienda Reyes, el cliente al que había herido, con otros dos. Con ayuda de un conocido, Francisco de Zerain, les hizo frente, matando a uno. En medio de la reyerta, llegó el corregidor, el vizcaíno don Ordoño de Aguirre, con dos corchetes. Catalina fue apresada. En el camino a la cárcel, don Ordoño la preguntó de dónde era, y al decirla que donostiarra, en vascuence, la indicó que, al pasar junto a la iglesia, se zafara y refugiase en sagrado. Y así lo hizo. De nuevo su amo, avisado, vino a sacarla de esta situación, y como la querella criminal contra ella se complicaba, resolvió liquidar el contrato, y que se fuera a Lima con una carta de presentación para un amigo (don Diego de Lasarte). Y allí se fue, con los 2.600 pesos de su liquidación.

En Lima entró al servicio de don Diego, que la puso al frente de una de sus tiendas, con un sueldo de 600 pesos anuales. Pero meses después, y viendo que jugueteaba mucho con una hermana de su mujer (parece que Catalina era lesbiana), decidió liquidar su cuenta, y despedirla.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 7:58 pm; editado 3 veces
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 28 Oct 2012 6:03 pm     Responder citando

Y fue en Lima, recién despedida por don Diego, donde inició su carrera en la Milicia.

Se acababa de crear el Ejército Real de Chile para la guerra interminable contra los mapuches, en la Araucania. Este ejército, junto a los dragones de cuera (o guardias presidiales) de la frontera Norte de Nueva España, y las guardas de los virreyes, eran las únicas tropas militares permanentes en América y, por tanto, las únicas con soldados profesionales.

Catalina decidió sentar plaza como soldado (recibiendo 280 pesos por su alistamiento). Formaba parte de la compañía del capitán don Gonzalo Rodríguez, una de las 6 que iban a Chile, al mando del maestre de campo don Diego Bravo de Sarabia, para ocupar presidios en la frontera con el pueblo mapuche. En total, 1.600 hombres. Y aunque don Diego de Lasarte la propuso renunciar a la plaza, y volver a su servicio, Catalina decidió iniciar su nueva vida como soldado.

Partieron de Lima hacia el puerto de Concepción, en Chile. El recorrido total era de 540 leguas (unos 2.800 km).

El secretario del gobernador de Concepción era don Miguel de Erauso, hermano mayor de Catalina. Ella le reconoció, y le hizo saber que era también de San Sebastián; en cambio, él no la reconoció. Conociendo don Miguel que su compañía iba destinada al presidio de Paicabí, que era un lugar bastante inhóspito, consiguió de su jefe, el gobernador, que Catalina se quedara como soldado en Concepción.

Habiendo sabido su hermano que Catalina visitaba, por separado, a una dama que también era de su interés, y tras un altercado entre ambos por este motivo, la envió a la guarnición de Paicabí.

En Paicabí estaban en tensión permanente por las continuas incursiones de los mapuches. Llevaba ya tres años allí, cuando recibieron orden de unirse al grueso del Ejército real de Chila (unos 5.000 hombres), al mando directo del gobernador don Alonso de Sarabia.

En los llanos de Valdivia tuvieron varios enfrentamientos con los mapuches, de los que no siempre salieron vencedores. Así, en cierta ocasión, murieron en la refriega su capitán y su alférez, y la bandera de su compañía cayó en poder de los mapuches.

Catalina, junto a otros dos jinetes, salieron a rescatar la bandera. Murieron los otros dos, pero Catalina recuperó la bandera de las manos de un cacique. Regresó con ella, pero malherida, con tres flechas clavadas, y una lanza en un hombro.

Allí fue curada, y se rencontró con su hermano, quien por el mérito de su acción (y otras previas) consiguió para ella el empleo de alférez, en la compañía cuya bandera había rescatado. Esta compañía quedó al cargo del capitán don Alonso Moreno, y meses más tarde, del capitán don Gonzalo Rodríguez (el que había sido su primer jefe en Concepción).

Fue alférez durante cinco años. En la batalla de Purén murió su capitán, quedando doña Catalina a cargo de la compañía. Pero habiendo hecho prisionero a un cacique cristiano, don Francisco Quispiguaucha, a quien hizo ahorcar, disgustó esta acción al gobernador, que lo quería vivo. Y por ello, doña Catalina no recibió oficialmente la compañía (ni la patente de capitán), siendo nombrado jefe de la compañía, en su lugar, al capitán Casadevante. A cambio, a Doña Catalina se la prometió darle compañía a la primera ocasión que se presentara.

Después de esta batalla, el ejército se disgregó, volviendo cada compañía a un presidio. La de Dª Catalina fue al de Nacimiento, del que dice que, más que nacimiento, era muerte continuada. Pocos días después, el maestre de campo don Álvaro Núñez de Pineda, siguiendo instrucciones del gobernador, incorporó la compañía a su pequeño ejército, de unos 800 hombres a caballo, que recorrió el valle del Purén en continuos combates con los indios.

Seis meses después, el gobernador la dio licencia par volver a Concepción, a la compañía del capitán don Francisco de Navarrete, con su plaza de alférez.

Aquí, de nuevo, su carácter y su sentido del honor la hicieron entrar en otra pelea. Estando jugando a los naipes, otro alférez la dijo que hacía trampas y mentía como un cornudo. Doña Catalina le atravesó con la espada, cayendo muerto. Entró el auditor general a poner orden, cogiéndola por el cuello. Como no la soltase, con la daga "miserere" acabó con la vida de dicho auditor. Su hermano don Miguel, allí presente, la dijo en vascuence que procurase salvar la vida. Dª Catalina salió y se refugió en la iglesia de San Francisco.

El gobernador la cercó con soldados, y echó bando prometiendo recompensa a quien la apresase, y prohibiendo que se la diese embarcación en ningún puerto. El cerco duró 6 meses, pero acabó distendiéndose. Y fue entonces, aprovechando el relajo, cuando don Juan de Silva, otro alférez amigo suyo, le dijo que había desafiado esa noche a don Francisco de Rojas, caballero de Santiago, y que ambos habían acordado llevar cada uno un amigo, y él sólo tenía como tal a Catalina.

Salió del sagrado, fueron al campo del honor, y empezó el duelo. Habiendo sido herido don Juan, Dª Catalina se puso a luchar a su lado, y lo mismo hizo el otro testigo con la otra parte. Don Juan y don Francisco cayeron malheridos, y Dª Catalina, metió una estocada mortal al otro acompañante. Al preguntarle su nombre, supo que había herido de muerte a su hermano, don Miguel de Erauso, y esto la produjo una gran pena.

Pidió confesión para los tres moribundos y para ella. Y acto seguido volvió a encerrarse en San Francisco. Pocas horas después, los tres heridos expiraron.

El gobernador, al conocer la muerte de ellos, y sobre todo de don Miguel, se llegó con su guardia al convento, y entró. Tras un forcejeo con los frailes, desistió sin apresarla, sabiendo que estaba infringiendo la Ley de "sagrado".

Dª Catalina, desde su encierro, vio cómo enterraban a su hermano en el propio convento de San Francisco. Después, se abrió una nueva causa contra ella. Y por todo ello, en cuanto vio la ocasión, huyó hacia Valdivia y Tucumán, con caballo y armas (blancas y de fuego) que le proporcionó don Juan Ponce de León.


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:05 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 1:48 pm     Responder citando

Como ya hemos dicho, salió de Concepción (en el Chile actual) en dirección a Tucumán (en la Argentina actual).

Pasó hambre y calamidades, hasta que la recogieron unos trabajadores de una heredad, ya en el reino de Tucumán. Su propietaria era una mestiza, hija de india y español, y viuda. Tras el intento de esta señora de casar a Catalina con su hija, y tras nuevas aventuras en Tucumán, partió para Potosí (en la actual Bolivia, a 550 leguas, y 3 meses de distancia por tierra).

Allí trabajó como mayordomo para don Juan López de Arguijo, "veinticuatro" de aquella ciudad. En Potosí vivió de cerca un motín contra el corregidor, don Rafael Ortiz. Se puso del lado de éste y, al destacarse en sofocar la revuelta, Catalina fue nombrada ayudante de Sargento mayor.

Salió de Potosí hacia los Chuncos y el Dorado (a 500 leguas), como parte de la tropa que reclutó el maestre de campo don Bartolomé de Alba. Al negarse el maestre a dar licencia a una parte de la tropa, que quería quedarse para conquistar un territorio a medio camino, Catalina desertó, y junto a otros, se dirigió a la provincia de las Charcas.

Por el camino, llegó a la ciudad de La Plata, en donde decidió quedarse. Al cabo de unas semanas, la metieron en prisión, acusada de una agresión que no había cometido. Tras ser condenada, apeló a la Real Audiencia, que la absolvió.

Dejó la ciudad de la Plata para continuar hacia Las Charcas. Allí se reunió con su antiguo señor López de Arguijo, poniéndose de nuevo a su servicio, y realizando varios viajes entre Cochabamba y Potosí. En las Charcas volvió a herir a un hombre, de nuevo por razones de juego. Y de nuevo tuvo Catalina que refugiarse en una iglesia. Con ayuda de su amo, se fue a Piscobamba.

Y de nuevo, como consecuencia de una discusión e insultos por el juego, mató a un hombre. Fue sentenciada a muerte, pero un conocido suyo, Martín de Mendiola, consiguió suspender la sentencia, y ver los autos en la Audiencia, que fueron sobreseídos.

Quedó herida de otro lance, del que no resultó culpable. Fue después comisionada por la Audiencia de la Plata.

Fue luego a La Paz. Allí mató a una persona que la había ofendido. Fue herida y prendida. Consiguió huir hacia el Cuzco. De nuevo la detuvieron acusada de una muerte, de la que quedó absuelta. Y desde allí, pasó a Lima.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:08 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 2:31 pm     Responder citando

En Lima volvió a la vida de la milicia.

Era julio de 1615. El pirata holandés Joris van Spilbergen había entrado en el Pacífico por el estrecho de Magallanes con una pequeña flota, y saqueado algunas ciudades y villas de la costa chilena.

Se presentó ante el Callao. El Virrey movilizó la flota del Mar del Sur (5 naves), y en la almiranta iba embarcada Catalina. Lograron rechazar el ataque y frustrar el desembarco, pero se hundió la almiranta, salvándose sólo tres personas de las casi 900 que iban. Una de las tres, Catalina.

Fueron recogidos en el mar por uno de los barcos piratas holandeses, que pusieron proa al Norte. Veintiséis días después, los desembarcaron en la costa de Paita (100 leguas al Norte). Desde allí, los tres regresaron a Lima.

En Lima tuvo un incidente a causa de un caballo que había comprado, y que reclamaban como propio otros soldados. Consiguió salir airosa con una trampa que les puso. Luego, partió para el Cuzco.

En Cuzco, y también tras una partida de naipes (pero no a causa de ella), mató a un soldado al que llamaban "El Cid". Catalina fue gravemente herida. Se confesó y allí reveló que era mujer. Logró superar las heridas, y tras cuatro meses de convalecencia, y sabiendo que los amigos de "El Cid" querían vengarle, marchó del Cuzco hacia Guamanga.

Pero en el puerto de Apurimac le esperaban amigos del muerto con funcionarios de justicia. Consiguió escapar, dejando varios heridos. Aquél puente era el límite de la jurisdicción del Cuzco; por ello, una vez cruzado, pudo reanudar el viaje sin que nadie la persiguiera.

En Guanvélica intentaron detenerla. Huyó dejando dos heridos. A la altura del río Balsas, otros tres hombres quisieron detenerla; uno de ellos la dijo: "Señor capitán, venimos a detenerle". Pero al verla resuelta a no dejarse, otro se explicó: "Señor capitán, somos mandados y no pudimos excusar venir, pero con usted no queremos, si no servirle".

Llegó a Guamanga. A los pocos días fue reconocida, y el corregidor en persona intentó detenerla. Huyó de nuevo. Una noche tuvo un altercado con dos alguaciles. Vinieron al ruido el corregidor y muchos vecinos, y también algunos que se pusieron del lado de Catalina. El obispo consiguió evitar la pelea, la pidió sus armas ("Señor alférez, déme sus armas") y la acogió en su casa. Al día siguiente, el mimo obispo consiguió convencer al corregidor de que estaba bajo su protección.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:12 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 2:49 pm     Responder citando

Catalina revela su verdadera identidad

Al día siguiente, el obispo quiso saber quién era, y ella le reveló todas sus aventuras, así como su condición de mujer, y cómo había tomado noviciado en el convento en San Sebastián, aunque sin profesar. Aquella confesión duró casi tres horas. Fray Agustín de Carvajal, el obispo, quedó impresionado por el relato. La propuso que diera gracias a Dios, y que se confesara de toda aquella vida. Después, Dios ayudaría a ver qué se debía hacer.

Al día siguiente, el obispo la preguntó si era verdad todo lo que Catalina había contado. Le dijo que sí. El obispo se explicó con estas palabras: "No se espante que su rareza inquiete a la credulidad". A petición del obispo, la miraron dos matronas, que la hallaron mujer y virgen. El obispo, entonces, la dijo: "Hija, ahora creo sin duda lo que me dijisteis, y creeré en adelante cuanto me dijereis; os venero como una de las personas notables de este mundo, y os prometo asistiros en cuanto pueda y cuidar de vuestra conveniencia y del servicio de Dios".

El caso se divulgó, y empezaron las visitas interminables, pues todos querían verla en persona. Esto no era del agrado ni del obispo, ni de Catalina.

A los seis días, resolvió el obispo que entrara en el convento de monjas de Santa Clara. Hacia allí se dirigieron ambos. Catalina llevaba puesto el hábito de las clarisas. En la calle, y durante el recorrido, estaba toda la ciudad, queriendo ver a semejante personaje. La tuvo que entregar en la portería, porque la iglesia (que es donde el obispo quería entregarla), estaba completamente llena de gente. El obispo se despidió de ella, exhortándola a ser buena cristiana, y ofreciéndose a ayudarla en todo lo que fuera preciso.

Pero a los cinco meses, Fray Agustín de Carvajal murió. Con su muerte, dejó de tener a su gran valedor.

Don Bartolomé Lobo Guerrero, arzobispo de Lima, la mandó llamar. Fue en litera, acompañada por 6 clérigos, 4 religiosas, y escoltada por 6 hombres de espada.

La entrada en Lima fue apoteósica. Aunque era de noche, las calles estaban llenas de gente que quería ver a la Monja Alférez (como ya se la empezaba a llamar). Se acomodó en la casa del Arzobispo, y al día siguiente la recibió en audiencia el propio Virrey de Perú, don Francisco de Borja, conde de Mayalde, y príncipe de Esquilache.

Después, el arzobispo la dijo que eligiera convento. Visitó varios, y determinó quedarse en el de la Santísima Trinidad, de bernardas.

Allí permaneció dos años y cinco meses, hasta que llegó de España la pregunta de cómo no era monja profesa.

Decidió volver a España. Se puso en marcha hacia Santa Fe de Bogotá, en donde el arzobispo don Julián de Cortázar la propuso entrar en un convento de su Orden. Pero ella no mudó su decisión de volver a España, y poner en orden su vida.

De allí salió hacia Zaragoza (en la actual Colombia) remontando el río Magdalena. Cayó muy enferma por el clima, pero pudo reponerse, siguiendo viaje a Tenerife (también en Colombia). Allí se embarcó para Cartagena de Indias.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:16 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 3:34 pm     Responder citando

En Cartagena embarcó en la capitana de la flota de la Carrera de Indias, de la que era general don Tomás de Larraspuru, que la acogió con cariño y deferencia. En el viaje, iba vestida con ropas masculinas.

Pero Catalina, genio y figura hasta la sepultura, siempre vivió con la acción y la violencia a su alrededor. Llevaban ya unas 200 legua de viaje, cuando se armó una reyerta, y Catalina señaló a uno la cara con un cuchillo que llevaba.

Don Tomás resolvió pasarla a la nave almiranta. Catalina le pidió que le dejara en el patache en funciones de "aviso", de nombre "San Telmo". Este barco hacía agua, por lo cual debían achicar continuamente con las bombas manuales.

Por fin llegaron a Cádiz, el uno de noviembre de 1624, día de Todos los Santos. Allí fue objeto de atenciones por parte de otro general de Armada, don Fadrique de Toledo. A sus órdenes estaban dos hermanos de Catalina, con los que se reunió.

Pasó a Sevilla, evitando la gente que quería verla. Y a los quince días, siguió viaje a Madrid.

El primer viaje a Italia


Decidiendo ir a Roma, por ser año de jubileo, fue a Pamplona con el conde Javier. De allí, a Roma por tierra.

En Toulouse entregó cartas de España al conde de Agramonte, virrey de Pau. llegó por fin al Piamonte, pero en Turín la tomaron por espía española, la despojaron del poco dinero que llevaba, y la impidieron seguir hacia Roma. Por ello tuvo que retroceder a Francia, en condiciones precarias. En Toulouse, el conde de Agramonte la socorrió, dándola cien escudos y un caballo. Así regresó a España, sin haber podido cumplir su deseo de ir a Roma.

En Madrid fue recibida por el rey Felipe IV. Preparó un memorial dirigido al monarca, pidiendo se le recompensase por sus servicios. El Consejo de Indias informó favorablemente, y en agosto de 1625 se le asignaron 800 escudos de renta.

Segundo viaje a Italia. Roma, por fin

En enero de 1626, el rey se puso en marcha para asistir a las cortes en Zaragoza. Catalina aprovechó para acompañarlo, y después seguir camino a Barcelona.

Pasada Lérida, en "Velpuche" (Belpuig), ella y sus tres compañeros fueron asaltados, quitándoles todo (incluidas las ropas (1)), y dejándoles sólo los papeles (credenciales, patentes, etc, que solían llevarse dentro de canutos sellados con cera, en la época). Así entraron en Barcelona el Sábado Santo a la noche, avergonzados y sin saber qué hacer. Tras conseguir algo de ropa, pasaron la noche en un portal. Allí supo Catalina que el Rey acababa de llegar a Barcelona, acompañado del marqués de Montes Claros, a quien conocía Catalina.

El marqués le proporcionó ropa, algún dinero, y una nueva audiencia con el rey, quien la preguntó, conociendo su carácter: "¿Pues cómo os dejásteis robar?". La pidió un memorial, que revisó, decidiendo darla 4 raciones de alférez reformado, y 30 ducados de ayuda.

Catalina embarcó en la galera "San Martín" rumbo a Génova, en donde paró algunos días. Uno de ellos, se la acercó un soldado bien vestido, que entabló conversación:

-"¿Es usted español?"
-"Sí"
-"Según eso, será Vd soberbio, porque todos los españoles lo son, y arrogante, aunque no lo son de tantas manos como blasonan".
-"Yo a todos los veo muy hombres para lo que se ofrece"-dijo Catalina.
-"Yo los veo a todos que son una 'merda'".
-"No hable Vd de ese modo, que el más triste español es mejor que el mejor italiano"- replicó Catalina.

Empezó, como tantas veces antes, el diálogo de las espadas. Uno se puso al lado del italiano, al que atravesó Catalina de una estocada. Llegaron más, poniéndose unos al lado del caído, y otros al de Catalina. Aprovechó ésta, entonces, para volver a la galera, y no comprometer este segundo intento de ir a Roma.

Partió para Roma. La recibió el papa Urbano VIII en audiencia. Ella le relató toda su vida. El Papa, admirado, la concedió licencia para vestir ropas de hombre en adelante. También la encargó que fuera honesta, que se abstuviera de ofender al prójimo, y que recordara especialmente el mandamiento de la Ley de Dios que dice "non occides" (= no matarás).

La noticia de que estaba en Roma una "Monja Alférez" corrió como la pólvora, y de nuevo empezaron las visitas interminables. Una tarde estaba departiendo con tres cardenales. Todos la mostraron agrado y cierta admiración, pero uno, el cardenal Magalón, la hizo una reflexión malintencionada, a la que respondió Catalina con la frase que tengo yo por firma en el foro. La anécdota ocurrió como sigue:

El cardenal, admirado de sus hazañas, la dijo que sólo tenía un "pero" que ponerla, y era el que fuera español. A ello, respondió Catalina:

-"A mí me parece , señor, debajo de la corrección que se debe a Vuestra Señoría Ilustrísima, que no tengo otra cosa buena".

Pasado mes y medio en Roma, fue por tierra a Nápoles, en donde ya era conocida tanto ella como su vida. Y como "genio y figura, hasta la sepultura", tuvo un rifirrafe que, afortunadamente, quedó sólo en palabras. Ocurrió así:

Paseando por el muelle, se dio cuenta que dos prostitutas, hablando con dos mozos, se reían mirándola a ella. Quedó mirándolas fijamente, y una la dijo:
-"Señora Catalina, ¿adónde se camina?".

Catalina prefería que la llamasen Don Antonio de Erauso, y no Catalina. Así, pues, la molestó tanto el tono como el tratamiento, y respondió:
-"Señoras putas, a darles a Vdes cien pescozones, y cien cuchilladas a quien las quiera defender".

--
(1) En aquellos siglos había escasez de ropa, y las prendas de vestir eran uno de los bienes más apreciados.
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:26 pm; editado 3 veces
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 3:52 pm     Responder citando

Su vida posterior

Lo relatado hasta aquí es la biografía que fue escribiendo, seguramente, en las largas jornadas de sus viajes por mar.

Pero ya no escribió más. Por tanto, lo siguiente está recopilado de otras fuentes.

En 1626 regresó España. En 1629 visitó San Sebastián, su tierra natal, para renunciar a su herencia paterna y materna. Probablemente, regresó después a Madrid.

Pero no podía estarse quieta. Por ello, en julio de 1630 estaba de nuevo en Sevilla, para volver a las Indias. Un documento, del 4 de julio, nos dice que estaba a punto de embarcar:

"Jueves, 4 de julio, estuvo en la iglesia mayor la Monja Alférez. Ésta fue monja en San Sebastián, huyose y pasó a Indias en hábito de hombre, el año de 1603. Sirvió de soldado veinte años, tenida por capón. Volvió a España, y fue a Roma, y el Papa Urbano VIII la dispensó y dio licencia para andar en hábito varonil. El Rey le dio título de alférez, llamándola el alférez doña Catalina de Erauso, y el mismo nombre traía en los despachos de Roma. El capitán Miguel de Echazarreta la llevó por mozo en años pasados a Indias, y ahora va por general de flota y la lleva de alférez."


O sea, que embarcó en Julio de 1630, y ya no regresó a España (o, al menos, no consta). Sabemos que su destino fue, esta vez, Veracruz (en la Nueva España).

Pero a partir de 1630, disponemos de pocos datos documentados. Sí hay dos que certifican su presencia en Veracruz en 1639 y 1645.

La primera referencia aparece en un litigio del Tribunal de Corregimiento de Guipúzcoa, en 1640. Comparecían sus dos hermanas monjas, Marijuana y Jacinta, contra Agustina de Oquendo, por unos bienes de la familia Erauso-Pérez Galárraga. El acta cita, entre los testigos, al capitán Juan Pérez de Aguirre, habitante de Guipúzcoa, que en su declaración dice haberse encontrado recientemente, en la ciudad de Veracruz, a la Monja Alférez, llamada entonces don Antonio de Erauso, y fue ella quien le había dicho que sus cuatro hermanos en América, Miguel, Francisco, Martín y Domingo ya habían muerto.

Allí estaba aún en 1645. Y, aunque no lo sabemos con precisión, es de suponer que no se estaría quieta en Veracruz, sino viajando y corriendo aventuras.

El segundo testimonio se debe al fraile agustino Nicolás de Rentería, que se encontró con ella en 1645 en Veracruz. Dª Catalina le transportó, junto a su equipaje, a la ciudad de México. Ella viajaba con unos criados negros con los que ejercía el oficio de arriero. De Fray Nicolás consta esta relación verbal, que recogió por escrito el padre fray Diego de Sevilla, de su misma Orden. El texto nos ha llegado en un documento posterior, de 10 de octubre de 1693, escrito por el padre fray Nicomedes de Rentería, profeso de la Orden de los capuchinos, en su convento de Sevilla:

"Que en el año de 1645, siendo seglar (se refiere a Nicolás de Rentería), fue en los galeones del general don Pedro de Ursúa, y que en Veracruz vio y halló diferentes veces a la Monja Alférez, doña Catalina de Erauso -que entonces allí se llamaba don Antonio de Erauso-, y que tenía una recua de mulos, en que conducía, con unos negros, ropas a diferentes partes. Que en ella y con ellos le transportó a Méjico la ropa que llevaba, y que era sujeto allí tenido por de mucho corazón y destreza. Que andaba en hábito de hombre, y que traía espada y daga con guarniciones de plata, y le parece que sería entonces como de cincuenta años, y que era de buen cuerpo, no pocas carnes, color trigueño, con algunos pocos pelillos por bigote."

Por el siguiente texto, sabemos que doña Catalina falleció hacia 1650, en Veracruz. Su autor es don Vicente Riva Palacio, en su obra "México a través de los siglos":

"En el año de 1650 murió en Cuitlaxtla la famosa doña Catalina de Erazu, conocida con el nombre de la Monja Alférez.

Doña Catalina de Erazu nació en Guipúzcoa, en la villa de San Sebastián, de España, el 10 de febrero de 1585. A los cuatro años de edad entró al convento de San Sebastián el Antiguo, del que era priora doña Úrsula de Unzá, y allí profesó, según dicen algunos de sus biógrafos, a los quince años de edad; pero a poco tiempo, a causa de un odio terrible que se tuvieron ella y otra monja, huyó doña Catalina del convento, se escondió en un castañar e hizo con su vestido un traje de hombre y comenzó desde allí su larga y escandalosa carrera, que ha dado tanto que decir a historiadores, poetas y novelistas. Como escribiente unas veces, otras como arriero, otras como paje, como dependiente de un mercader, vivió en España algunos años, hasta que se embarcó para el Perú. Allí tuvo una pendencia en que hirió a dos hombres, y aprehendida por la justicia, estuvo en el cepo de cabeza; llegó a Lima, sentó plaza de soldado, pasó con una compañía a Chile, allí riñó a estocadas con su hermano Miguel de Erazu. Peleó valientemente doña Catalina con los indios en el asalto de la villa de Valdivia, y por su valentía diósele el nombramiento de alférez.

Las continuas pendencias que con oficiales y soldados tenía doña Catalina obligaron al gobernador de Chile a desterrarla al fuerte de Arauco; fugose de allí y llegó a Potosí, donde se acomodó de arriero, en cuyo oficio permaneció poco tiempo, porque riñó con su amo estando en Charcas, donde había ido por carga, y metiendo mano ambos a las espadas; doña Catalina dio a su adversario dos estocadas, dejándole muerto. Volvió de allí a Potosí huyendo, y llegó en oportunidad de ayudar poderosamente al corregidor, don Rafael Ortiz, para vencer a Alfonso de Ibáñez, que se había levantado contra la justicia, lo que le valió el oficio de ayudante del sargento mayor.

Concurrió a la conquista del Dorado, y anduvo en aquellas expediciones durante muchos meses; volvió a tener necesidad de retraerse a una iglesia, por haber herido a un hombre; pero averiguado el caso de haber sido en propia defensa, quedó libre.

Multitud de escándalos y pendencias tuvo en el Perú, y, al fin, malherida en una casa de juego, estuvo a punto de morir. Logró salvarse; pero la justicia la perseguía, y en el momento de aprehenderla, doña Catalina hizo frente a los alguaciles, mató a uno, hirió a varios, y a costa de gran trabajo lograron desarmarla y reducirla las personas que en auxilio de la justicia salieron.

Formose el proceso, y fue condenada a muerte; entonces descubrió a su confesor el secreto de su verdadero sexo; súpolo la justicia, y por esto y por los muchos servicios que en veinticuatro años había prestado al rey, se la indultó, y por la protección del obispo de Cuzco volvió a España ya en hábito de monja.

Su desembarco en Cádiz causó gran novedad; pasó a Sevilla y, según dice una relación antigua, visitó al rey e hizo viaje a Roma para hablar al Papa; pero en ese viaje, y en la travesía por mar, riñó con un francés y le arrojó al agua, en donde se ahogó; los compañeros del francés atacaron inmediatamente a doña Catalina, que cayó, a su vez, al mar; pero logró salvarse asiéndose de una boya que le tiraron los marineros.

El Papa concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quien motejase de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

-Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo.

El rey le señaló una pensión de quinientos pesos anuales, tomados de las cajas reales de Manila, Méjico o Perú.

Llegó a Méjico la Monja Alférez cuando gobernaba la Nueva España el marqués de Cerralbo, y enamoróse en el viaje de Veracruz a Méjico de una dama a quien sus padres le encargaron que llevase a Méjico, sabedores de que doña Catalina era mujer, aunque vestía de hombre; aquella pasión le causó grandes disgustos, y a punto estuvo de batirse con el hombre con quien casó la dama. Doña Catalina le desafió en una carta; pero algunas personas de importancia lograron impedir el lance.

LA MONJA ALFÉREZ dedicose en Nueva España a la arriería, y en 1650, en el camino de Veracruz, enfermó y murió, haciéndosele un suntuoso entierro, habiéndosele puesto en su sepulcro un honroso epitafio."


Sobre su muerte y enterramiento

Sobre el lugar en que murió, en donde fue enterrada, y su epitafio, no queda ni rastro. Sólo tenemos un relato de su época, la llamada "Tercera relación", escrita en Méjico, e impresa en 1653 por Hipólito de Rivera, mercader de libros en la ciudad de México. No es una biografía, ni lo pretende, sino una novela histórica, basada en hechos reales de la vida de Dª Catalina, pero distorsionados. Sabemos de muchos hechos novelados en dicha relación, pero no sabemos si, en cambio, es verdad lo que dice sobre su muerte, sepultura y epitafio. Dice que el Obispo Juan de Palafox (personaje histórico) hizo poner un sepulcro, y que el epitafio la honraba llamándola “un prodigio de mujeres”. También dice que el obispo intentó
traer los restos de Dª Catalina a la ciudad de Puebla. Pero esta información no se ha podido contrastar.

Sobre el lugar de su muerte, esta novela dice (y no podemos confirmar nada de ello):

"Adoleció en Quitlaxtla del mal de la muerte, y falleció con vna muerte
exemplar, y con general dolor de todos los circunstantes, dieron del caso
aviso en Orizava, yendo a su entierro lo más luzido de aquel pueblo por
ser amada de todos los Presbíteros y Religiosos que se hallaron allí, le
dieron con vn sumptuoso entierro, sepulcro honorífico."


Como vemos, este relato recoge que la gente la tenía por una mujer piadosa (lo cual era verdad), que acudía a todos los oficios religiosos,
hacía penitencia y purificaba su alma y cuerpo. Y por todo ello, se la tenía mucho cariño. Esto justificaría la presencia de tan gran cantidad de clérigos en su funeral.

Respecto al lugar de su muerte, el doctor Nicolás León lo buscó hacia 1920, y no encontró ninguna pista en Orizaba (el lugar que cita la "Tercera relación"). Sólo localizó una cita a un cerro llamado Quitlasi, cerca de San Francisco Necoxtla (y relativamente cerca de Orizaba), en la "Estadística de Veracruz", escrita por Sebastián Camacho.

Siguiendo con sus investigaciones, el Doctor León supone que, de morir en Orizaba, estaría enterrada en el cementerio del atrio de la iglesia de San Juan de Dios. Pero este edificio, así como el cementerio, ha sufrido muchas reformas desde entonces. También intentó encontrar su acta de defunción. Así lo describe:

“En enero de 1923 estuve en Orizaba y registré el archivo parroquial buscando la partida de defunción de Catalina y, aunque encontré el libro correspondiente a la época de su fallecimiento, faltaban hojas relativas
al año 1650, las cuales fueron arrancadas furtiva e intencionalmente,
dejando huellas claras de ello”.


Seguramente, alguien muy interesado en conservarlo (o en que desapareciera, por alguna conveniencia personal), lo arrancó en algún momento de los casi cuatro siglos transcurridos.

Por último, buscó también la lápida con el famoso epitafio. No encontró nada. Pero hay que tener en cuenta que los enterramientos en el interior de las iglesias se reformaron cuando se decidió, en el s.XIX, que por razones de salubridad pública, los enterramientos se hicieran en camposantos adecuados, fuera de las iglesias y poblaciones. Concretamente, se sabe que en esta iglesia se echó un nuevo pavimento en 1885 sobre el anterior, quedando cubiertas todas las losas sepulcrales. si hubiere sido así, sí podría recuperarse algún día.
+++
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:35 pm; editado 4 veces
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 3:59 pm     Responder citando

Conclusión

Estamos ante un personaje irrepetible en nuestros días (pero no en aquellos, de los siglos 16 y 17).

Admirable, por una parte, y reprobable, por la otra. Pero es importante juzgar su vida y personalidad conforme a las costumbres del s.17, y no a los actuales.

Y al mismo tiempo, juzguémosla por sus valores, y no sólo por sus costumbres. Y veremos que esos valores siguen de actualidad (al menos, en muchos de nosotros). Por algo José Antonio Primo de Rivera los definió como "eternos".

Y como demostración de que son eternos, comparemos las pautas de comportamiento de Dª Catalina, con los de nuestros guripas en la División Azul. Y veremos que no hay mucha diferencia.

Personajes como Dª Catalina hicieron grande a España, pero, sobre todo, difundieron y enseñaron (sobre todo por la vía del ejemplo) nuestros valores hispánicos, eternos, por todo el mundo.

Lo hispánico, tanto lo bueno como lo malo, se hizo universal, y pasó a ser patrimonio de la Humanidad.
+++
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Ultima edición por Amenofis el 25 Nov 2012 8:36 pm; editado 2 veces
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Nov 2012 4:21 pm     Responder citando

Bibliografía, cine y teatro

- "Autobiografía de la monja alférez" (o "Catalina de Erauso, historia de la Monja Alférez)
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01305042011682948755802/p0000001.htm#1

- "La Monja Alférez". Revista Ejército, nº 48 (1943): (RET_048)

- "La Monja Alférez", por Francisco Igartua
http://www.euskonews.com/0211zbk/kosmo21103.html

- Arte Historia. Militar. http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/5841.htm

- "Catalina de Erauso, La Monja Alférez"
http://dreamers.com/historol/hist15.htm

- CATALINA ERAUSO (LA MONJA ALFÉREZ)
http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/erauso.htm

- "Análisis histórico y literario de la Vida y sucesos de la Monja Alférez" (por Sandra Guadalupe Sánchez Rodríguez). Universidad autónoma Metropolitana de Méjico.

- "La Monja alférez". Película, 1986.
Reparto: Isabel Luque, Blanca Marsillach, Esperanza Roy, Paula Molina, Conrado San Martin
Director: Javier Aguirre

- "La Monja alférez. Drama en 4 actos". En verso. Autor: Juan Antonio Mateos. 2006
+++

Documentos y otros textos disponibles

(los pongo, porque a mucha gente aún le cuesta creer que todo lo que cuenta Dª Catalina sea verdad)

- Certificación sacada en la Audiencia de Contratación de Indias, de Sevilla. Libro de despacho de los pasajeros, folio 160. Flota que se despachó a la provincia de Nueva España, año de 1630

- Carta fechada en Roma, a 11 de julio de 1626, que dirige Pedro del Valle, el «Peregrino» (en el tomo tercero de su Viaje, escrito en lengua italiana) a su amigo Mario Schipano. Edición Bolonia, 1677

- "México a través de los siglos. Tomo II, El Virreinato", de don Vicente Riva Palacio

- Partida bautismal de doña Catalina de Erauso (la de 1592)

- Expediente de doña Catalina de Erauso, con sus méritos y servicios. Archivo de Indias de Sevilla.
Consta de los siguientes documentos principales:
----Pedimento (hacia 1623-24, desde Cartagena de Indias)
----Decreto (19-2-1626)
----Certificación de don Luis de Céspedes, gobernador de la provincia de Paraguay (2-2-1625)
----Certificación de don Juan Cortés de Monroy, gobernador y capitán general de la provincia de Veraguas (25-1-1625)
----Información ante el señor doctor don Nicolás Plazaola, alcalde de las guardas y gente de guerra de infantería y caballería de este reino de Navarra (28-7-1625)
----Peticion (=Pedimento; julio 1625)
----Decreto (28-6-1625)
----Testimonio (Pamplona, 1-7-1625)
----Certificación de don Juan Recio de León, maese de campo y teniente de gobernador y capitán general y justicia mayor de las provincias de Tipoan y Chunchos (25-10-1625)
+++
_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Amenofis
Generalleutnant
Generalleutnant
Amenofis

Registrado: 27 Dec 2008
Mensajes: 3619
Promedio por Día: 1.87
Ubicación: Paracuellos de Jarama, ESPAÑA

Hombre



Estado: Desconectado
MensajePublicado: 02 Dec 2012 12:47 pm     Responder citando

Retrato de Dª Catalina de Erauso. Refleja perfectamente una personalidad fuerte, y directa, sin admitir bromas ni engaños:


_________________



A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Enviar tema a:
Meneame Meneame
Digg

Guardar tema en favoritos:

Google Bookmarks

Yahoo Yahoo Bookmarks

Delicious Delicious

Sindicar titulares de este foro

Todas las horas están en GMT + 1 Hora

No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas

Página 1 de 1
Publicar Nuevo Tema     Responder al Tema        Índice de memoriablau -> Precedentes históricos


 
Saltar a:  



Afiliados

memoriablau
Equipo de Adm.Moderación
Estadísticas
Mapa del sitio
RSS Sindicar temas
|
|
|
|
|
|
Opciones de usuario:
Registrarse :: Conectar
Editar perfil
Eliminar cuenta de usuario
Borrar cookies creadas por este sitio
|
|
|
|
|
|
Servicio ofrecido por:
foros.ws :: Crea tu foro gratis
Privacidad :: Terminos del servicio
Foros de Arte y Literatura | Directorio de foros
3 Powered_by: phpBB